Verdades incómodas

Publicado: abril 3, 2013 en Verónica Gómez Carrasco
Etiquetas:, , , , ,

PRVOL3_VERÓNICA_GÓMEZ

Foto

La explosión del periodismo: de los medios de masas a la masa de medios

Autor: Ignacio Ramonet

Editorial Clave Intelectual

155 Páginas

ISBN 978-84-9047-0-8

Mil y un circunstancias conviven y/o amenazan al periodismo, en su más amplio significado. Desde tretas enmascaradas bajo el nombre de democracia hasta crisis de todo tipo, pasando por la lucha por la audiencia, en la que no siempre el fin justifica los medios. Este maremágnum de controversias se da en un momento político y social tan desolador como apasionante, en el que el papel de los antiguos y nuevos medios de comunicación es clave… O debería serlo.

Ignacio Ramonet analiza este complejo panorama en su nuevo libro, “La explosión del periodismo: de los medios de masas a la masa de medios”. Una lectura rápida, incómoda pero necesaria para conocer de primera mano la debilitada situación de ese “cuarto poder que protege al ciudadano de los abusos de los políticos”.

Las páginas dedicadas a los montajes y mentiras que el periodismo ha hecho pasar por ciertos harían sonrojar al periodista más curtido. Ramonet no da puntada sin hilo y recuerda las continuas justificaciones de la ofensiva en Irak y casos tan preocupantes como el de Valerie Plame o el de la funcionaria Shirley Sherrod. Pero este repaso no sería justo ni completo sin tener en cuenta la otra cara de la moneda: acertados intentos de arrojar luz por parte de los periodistas, destapando escándalos más allá de la importancia social de los protagonistas. Su máximo exponente, no podía ser de otra manera, es el caso Wikileaks.

Las continuas informaciones de Wikileaks destaparon escándalos que han salpicado a decenas de gobiernos de todo el mundo. Desde Estados Unidos a Túnez, pasando por China o Inglaterra, los cables de la organización son un compendio de distintas formas de tortura y corrupción utilizadas impunemente. Desconocido por el público, este proyecto cobró protagonismo en 2.011, cuando dio a conocer los datos bancarios de más de 2.000 cuentas en las Islas Caimán.

La mecha estaba prendida, y la explosión no se haría esperar. Desgraciadamente, los primeros en buscar argumentos para condenar este proyecto no fueron políticos, militares ni empresas relacionadas con dichos escándalos, sino los propios medios de comunicación, poniendo de manifiesto la eterna simbiosis (más bien parasitismo) entre poder y periodismo.

En cuestión de horas los grandes medios juzgaron las informaciones vertidas por Wikileaks, entremezclando los escándalos destapados por la organización activista con coletillas como “información de tercera” o “vulneración del derecho a la intimidad”. Este intento de acoso y derribo mitigó, y en algunos casos erradicó, la indignación mundial ante los atropellos cometidos por los responsables de la democracia a la que “se estaba atacando” con dichos cables. Sin duda, la mejor forma de asegurarse una posición acomodada es matar al mensajero.

La presión en forma de caída de ventas ha convertido al periodismo en un oficio sumiso. Dicha sumisión se manifiesta de múltiples formas, algunas tan asimiladas por profesionales y consumidores que nos parecen normales, casi un rasgo distintivo. Los medios actuales sientan a sus periodistas frente a un monitor para que reproduzcan sus palabras. Sin preguntas. Sin análisis. Y, por mucho que se intente repetir lo contrario, sin defensa de la democracia.

En el caso Wikileaks la pérdida de la dignidad periodística y su efecto narcotizante se hizo patente con la demonización de la asociación, presentada como un ataque a la integridad de los países afectados y, por tanto, de sus ciudadanos. Esto nos muestra que la unión entre prensa y poder, que únicamente beneficia a los segundos, ha contribuido a que la sociedad pierda conciencia de sí misma, de quienes verdaderamente le atacan y de que no siempre quien aparece en pantalla dice la verdad. Sin duda “1984”, la novela de George Orwell, se ha materializado. Afortunadamente todavía queda lugar para la esperanza; no podemos olvidar que Wikileaks fue el comienzo de la revolución tunecina, así como de otros medios de comunicación alternativos e independientes que se suman a una lista que casi podríamos tildar “de la esperanza”. El camino es largo. Sin periodismo no hay democracia. Sin ciudadanos con capacidad crítica, tampoco.

La libertad de los medios de comunicación no es más que la prolongación de la libertad colectiva de expresión, fundamento de la democracia

El periodismo tradicional literalmente se está desintegrando

¿Por qué tienen que callarse los periodistas en una democracia cuando un responsable político afirma una cosa en público y hace lo contrario en privado?

Internet no sustituirá a la prensa escrita, del mismo modo que el teatro no ha sustituido a la ópera

La búsqueda de audiencia como objetivo principal siempre supone un coste para un medio de comunicación serio

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s