El poder más debilitado

Publicado: marzo 3, 2013 en Grupo 23
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“No lo olvide señor Rajoy: en el caso “Watergate” ganó la prensa y perdió Nixon”. Con esta frase titulaba el periodista Enric Sopena uno de los tantos artículos que se han publicado sobre las polémicas surgidas en el Partido Popular. Por desgracia no es la única vez en la que la prensa española recurre al caso más famoso de periodismo de investigación norteamericano para hablar de un escándalo de nuestro país.

Las polémicas apellidadas “gate” son comunes. Sin embargo, su tratamiento por parte de la prensa y las consecuencias que acarrean para sus protagonistas suelen distar del verdadero caso “Watergate”, que, 42 años más tarde, sigue sin tener antecedentes ¿Los encontraremos en el futuro? La respuesta parece ser negativa.

Tras el Watergate, la prensa consolidó su papel de “contrapoder”, tal y como la definió el presidente francés Valéry Giscard. Este nombre hacía referencia al papel de los medios como guardianes de la transparencia y honradez del resto de poderes en su gestión. Un éxito de tamaña magnitud no habría sido posible sin un cúmulo de factores que beneficiaron a los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein. Entre ellos destaca el tiempo y apoyo que el Washington Post brindó a dichos profesionales para el desempeño de su labor, así como el prestigio del periodismo y su capacidad de movilizar a la opinión pública, factores que en la actualidad no confluyen.

TODOS-LOS-HOMBRES

  Sumidos en una fuerte crisis económica, con medios propiedad de grandes conglomerados empresariales y una situación laboral cada vez más precaria, en la actualidad que la influencia del periodismo pueda forzar la dimisión de un presidente roza la inviabilidad. A ello se le suma la rapidez que se le exige a la profesión, incompatible con el buen periodismo de investigación. “Un periodista de investigación debe descubrir la verdad e identificar los errores que contiene. Y ello requiere tiempo”, advierte el investigador Hugo de Burgh.

El reportaje, género que plasmó los desmanes del presidente Nixon, se encuentra en decadencia. Como señala el periodista José Martí Gómez, “el reportaje está en crisis porque es caro y puede entrar en conflicto con el medio en el que debe ser publicado”.

Es la realidad de los profesionales que hace 40 años llenaron las facultades esperando ser los próximos carceleros de grandes políticos y empresarios, pero también la de los más jóvenes. El pasado 28 de febrero, el mismo Woodward afirmó que estaba sufriendo amenazas por parte de la Casa Blanca por su último libro, centrado en la investigación de las verdaderas causas de los recortes aprobados en Estados Unidos. “Me he enfrentado con mucha gente como esta – contaba el periodista – Pero supongamos que hay un joven reportero que sólo tiene un par de años de experiencia y la Casa Blanca le envía un e-mail diciendo ‘Te vas a arrepentir de esto’. Se echaría a temblar y no continuaría”.

Ante un panorama semejante, otro “caso Watergate”, en el que una serie de artículos destaparan un escándalo y consiguieran hacer justicia, parece prácticamente imposible; la última parte no suele darse. Y si que el periodismo pueda cumplir su verdadera función nos parece una proeza, quizá haya llegado el momento de replantearnos nuestro papel en la sociedad.

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