Entre trincheras

Publicado: diciembre 12, 2012 en Aitana García Cantos
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Aitana GarcíaPRVOL_LOBO_231213_AITANA_GARCÍA

 

 

 

El destino siempre es impredecible. Sin embargo, parece que a Ramón Lobo le ha llevado a un estado conocido y que le sienta realmente bien, aunque no sea el idóneo. Los fuertes y las trincheras son ahora sus señas de identidad, aunque cualquiera que conociera su trayectoria diría que no ha cambiado en nada si esas son sus “armas”. Aun así, parece que su vida no sigue igual.

El 23 de noviembre Ramón Lobo pisaba las aulas de Atzavares. Una sala abarrotada de jóvenes que esperaban su llegada rompió en un aplauso al ver entrar a ese hombre de apariencia sencilla y sonrisa cordial. Las palabras sobraban. Tres días antes, el periodista relataba en su blog (En la boca del lobo) la visita al INEM.

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A principios del mes de octubre El País presentó un ERE en el que se anunciaban 129 despidos y 21 prejubilaciones, además de una reducción salarial del 15% a aquellos que continuaran en plantilla. Ramón Lobo, otro nombre que se suma a las listas del paro después de veinte años y tres meses publicando bajo la misma cabecera. Ante estas circunstancias, el público universitario esperaba un sangriento descuartizamiento del diario, una crítica rotunda frente a una situación que ha dejado en la calle a más de un centenar de profesionales. Nada más lejos de la realidad. Otros de sus compañeros sí que han mostrado su animadversión frente al ERE, como Maruja Torres, sin embargo, en las palabras de Ramón Lobo no se esconde el rencor. “Esta profesión es como un tobogán. Saluda cuando llegues arriba porque te los volverás a encontrar abajo”, justificó el periodista.

El discurso del periodista se centró en las experiencias que atesora, los valores que todo profesional debería guardar en su mochila (“Lo que no debes hacer nunca es contar lo que no ves”) y en consejos para los estudiantes que salían como cuentagotas de la boca del lobo: “Desde la honestidad, si consigues desnudarte, conseguirás llegar a la gente”. Y Ramón lo consiguió, llegó a las gentes de las zonas en conflicto, llegó a esos lectores que siguen su rastro y llegó al aforo con esa modestia que le caracteriza: “En una guerra, tu falta de talento se camufla”.

La crisis se ha extendido como la fiebre amarilla y el periodismo no se libra de este virus. La adaptación es la clave para combatirlo porque “esto es una maratón”. El descanso no tiene cabida y su frente no se rinde: “vales lo que vale tu último reportaje”. Ya no es “Ramón Lobo, de ElPaís”. ¿Y qué? En ocasiones, sobran las florituras si tienes delante a un maestro.

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